Visión de un viajero inexperto

Cómo llegar a Medellín sin morir en el intento

¡Un bongo cruza el Arauca!, así comienza una de las novelas del escritor venezolano Rómulo Gallegos, y sin ánimo de imitar a este gran escritor venezolano, es la imagen que se me vino ala mente estando en el Terminal de La Bandera, en Caracas, un viernes a las 7 de la noche. 

 

Solo puedo decir que esa imagen vino a mi mente, al ver centenares de autobuses, unos buscando salida hacia occidente, otros buscando puesto para embarcar o desembarcar, y miles de personas buscando una salida o una entrada en el andén, hacia un nuevo horizontes, para ver a sus familias, alejarse de ellas, o simplemente para salir de la ciudad, para unas merecidos, o tal vez no merecidas, vacaciones. 

Pero adentro de La Bandera la situación no era diferente, las personas, de todos colores, formas, altas, bajas, morenas, indígenas, rubias, si, todo eso que llaman el crisol de razas, estaban allí buscando su autobús, buscando no perder a un ser querido, buscando salir de ese caos, en fin buscando y dejándose buscar por algo, o alguien. 

Y ahí, de medio de ese laberinto de personas, con maletas, grandes, pequeñas, bolsos, niños que lloran, olor a comida, perfumes que venden, y un gran número de etc., estaba yo, esperando salir en el autobús de Bus ven a las 7 de la noche para Medellín, rumbo Maicao. Por su puesto que era una mera ilusión tratar de salir a tiempo un viernes antes de semana santa. La realidad es que el autobús de esta empresa que con mi mismo destino debía partir a las 5 y 30 de la tarde, estaba iniciando su salida a penas a las 7 y 30 de la noche. El autobús mío llegó como a las 8 y empezó, eso sí, inmediatamente a cargar a los pasajeros que me acompañarían en esta travesía hasta Maicao, en territorio colombiano. 

Principalmente mis compañeros de viaje eran de la vecina República, que iban a visitar a sus familias, y mi compañera de asiento, era una dama con su nieta, niña que afortunadamente se quedaría dormida al iniciar la travesía, luego de comer unas galletas. 

Yo llegué a La Bandera, a las 5 de la tarde, iluso creyente de las horas de salida de los transportes, porque la señorita que me vendió el pasaje me dijo, ¡debe estar una hora antes!, y yo dije, nada debo estar dos horas antes por aquello de las colas y el congestionamiento de la gente. Así que por correcto para llegar a mi hora, tuve que esperar un largo tiempo, lo que me permitió hacer el pequeño resumen anterior sobre el estado en la Bandera. Pero lo más importante que muchos, y sobre todo, yo, se preguntará es ¿Qué hacia yo en La Bandera un viernes antes de semana santa? 

Toda historia tiene un comienzo, y esta no es diferente. Comenzaré contando que la situación política y económica de Venezuela no es la mismas de hace unos años, aunque el Gobierno insista en un crecimiento y un desarrollo que nos pone a la cabeza de Latinoamérica , por lo que consideré que, a mis 45 años, era necesario explorar otros horizontes, conocer otras realidades y buscar nuevas ofertas de trabajo, que como periodista con 20 años de graduado, ya no podía conseguir en mi propio país. 

Ultimados algunos pormenores, alojamiento, cómo llegar, etc., terminé comprando mi pasaje en Bus ven y así llegué a esta situación, esperar que el autobús llegara y nos montáramos para emprender el viaje, aunque con casi dos horas de retraso de su horario estipulado. 

Round de box 

Se me bajan todos, no quiero a nadie en la unidad.
Con estas palabras pronunciadas en perfecto acento colombiano, fuimos despertados – por alguien que se identificó como responsable de la línea- llegando a Barquisimeto, donde la unidad debía hacer su parada. Mi primera impresión, al estar dormido plácidamente, fue que tumbaron el gobierno, que hubo un golpe de estado, cualquier cosa se imagina uno a esa hora y en esa situación de estar en los brazos de Morfeo. 

Luego de este llamado a bajarnos, muchos nos opusimos, alegando que no íbamos a comprar nada y que preferíamos quedarnos descansando con el aire acondicionado que tan a gusto nos ponía. Una nuevas palabras del de acento colombiano – esta vez referidas a la obligación de bajarnos porque se han perdido cosas en los viajes – terminó de revolver mi alma y varios nos opusimos y yo le dije que ni somos ladrones, ni es el tomo de hablarnos, que era un falta de respeto, un mal educado, y cosas así. 

La reacción fue que simplemente dio media vuelta y se fue, pero nos llegó su venganza… no apagó la luz y nos dejó encerrados en el autobús mientras otros pasajeros y la tripulación comían. 

Luego de una hora, y con las luces encendidas todo el tiempo, comenzaron a subir los pasajeros, ignorantes del percance con el del acento colombiano. 

El viaje por la carretera de Valencia hasta el Zulia transcurrió con normalidad, salvo que la película que pusieron, de esas de violencia, no tenia audio, así que la mayoría optamos por dormir – porque quien ve una cinta sin sonido-. Nunca supe si la dejaron correr o si simplemente la apagaron, total el del acento colombiano ya se había vengado de nosotros de varias maneras. 

Son 10 X 3

Al iniciar la mañana del día sábado ya estábamos llegando al estado Zulia, y listos a pasar por el Puente sobre el Lago, el del acento colombiano, de grato recuerdo entre los pasajeros, gritó recojan 10 bolívares por tres y salió como quien asume que todos saben de que carrizos habló. Los más duchos en estos viajes ni se inmutaron, sacaron sus primeros 10 bolívares, mientras alguien piadoso, de esas personas que hay en todos lados, procedió a explicarnos a los ingenuos, que hay tres alcabalas, todos en el Zulia, que reciben lo que ellos llaman “colaboraciones” para evitar el engorroso trabajo de tener que revisar las maletas, con el tiempo de espera que conlleva eso. Así pues, y fomentando la corrupción en la Guardia Nacional, en complicidad con los propios choferes y personal de los autobuses, pagué esos 10 bolívares, que al final fueron entre todos los pasajeros, unos 400 mil bolívares.

Pero como siempre pasa, unos vivos, o más bien, vivas, se hicieron las locas, y alguien tuvo que poner el dinero por ellas, ya que las chicas que alegaban no pagar la “colaboración”, porque no llevaban equipaje.

 Para estar seguros que el dinero llegaría a las manos correctas, una de las damas recogió el dinero y en persona se bajó en el punto de control y entregó la “colaboración” al de la Guardia, para seguir nuestro camino.

  Esto sucedió una segunda vez, con igual resultado, unos no quisieron pagar, otros debimos, ahora si me tocó, poner unos 20 bolívares, para seguir en calma, y con mucho retraso ya, nuestro camino hacia Maicao.

  Hay un punto de control que no se puede eludir y allí se suben efectivos de Migración a revisar los documentos, y uno aprovecha para ir al baño, comer algo, estirar las piernas y a pagar el impuesto de salida de Venezuela, que varia de acuerdo a como esté en ese momento la unidad tributaria. En este caso específico, para los que gustan de los más mínimos detalles del viaje, fueron 65 bolívares.

A lo largo de esta travesía, y en especial en el estado Zulia, nuestro autobús fue detenido varias veces, no solo en las alcabalas formales o puestos de vigilancia, sino a lo largo del recorrido, por una variedad de cuerpos policiales, regionales, policía nacional, guardia nacional, ejército y un largo etc., que tenían como finalidad revisar los documentos, permisos de viaje de menores, legalidad de las cédulas de identidad, etc.  

Pero luego de todas estas cosas, ya casi habíamos llegado a Maicao, en la línea fronteriza, pero como dice el chiste…Hay más.  

El colmo de los colmos  

El último puesto de la Guardia Nacional antes de entrar en la zona limítrofe con Colombia, o La Raya, se llama Paraguachón, y no se puede decir que es una tierra de nadie, porque la Guardia Nacional de Venezuela tiene una fuerte presencia.  

Esa presencia es tan marcada que en esta oportunidad fue un efectivo el que se subió al autobús y luego de hacer una inspección visual, dijo en baja voz, pero suficientemente alto, como para que todos escucháramos bien: Son 40 por 2, y dando la espalda a los presentes, se retiró. Lo que amablemente el oficial quiso decir es que esta vez la “colaboración”, no lo olvidemos”, era de 800 mil bolívares.  

La situación resultó tan indignante que muchos, ya colmados la paciencia, decidimos no pagar y enfrentarnos al tedioso tema de la revisión de las maletas. Inmediatamente otros pasajeros refutaron nuestros argumentos, señalando que si no conseguíamos el dinero nos tratarían mal, dañarían las maletas, harían que el tiempo fuera mas largo de lo normal, argumentos apoyados por el representante de Bus ven, sí el del acento colombiano, además de una amenaza de que no nos dejarían bajar de la unidad si no completábamos la suma mencionada. Así que, al final, la tesis de pagar triunfo, y muchos tuvieron que poner ya no 10 bolívares, sino hasta 40 porque los otros nos negamos a semejante corrupción.  

Solventada la última “colaboración” pudimos descender de la unidad y mientras nos dirigíamos a sellar nuestros pasaportes, la unidad de Bus ven cruzaba la línea fronteriza y nos esperaría en Maicao.  

Para sellar el pasaporte, sea venezolano, o extranjero, para salir del país, se debe llenar una planilla, que amablemente lo hace por uno una joven, que también amablemente nos recuerda la necesidad de dar una “colaboración” por este trámite, aunque en este caso si es lo que uno pueda o quiera darle.  

En la taquilla, ponen el sello de Venezuela en el pasaporte, señalando que se abandona el país, y tras unos pocos metros de camino polvoriento, se cruza La Raya, y al fin estamos en Maicao, donde nos esperan las maletas.  

Puesto fronterizo Venezuela – Colombia

  

Decepción “Fuerte”  

Un tema que todo venezolano que viaje por primera vez por esta travesía debe conocer es el referido al cambio de la moneda nacional con respecto al peso colombiano.  

Antes de llegar a la frontera, se subió un cambia moneda que nos ofrecía comprarnos los bolívares por la suma de 0,28 pesos colombianos. Así como se lee, 0,28 pesos por un bolívar, lo primero que a uno se le viene a la cabeza es ¿Cómo es la vai….?, no se supone que el Bolívar Fuerte es en realidad una moneda de envergadura?. Déjeme decirle a los lectores que …No, el Bolívar dejó de ser una unidad monetaria que representaba algo.  

Con este primero choque “fuerte” y con la incredulidad en la mente, muchos dijimos que no, que al llegar a Maicao seguro encontraríamos una mejor oferta por nuestro signo monetario, aunque el cambia moneda insistía en que él era la mejor oferta.  

Al regresar a donde estaban las maletas en el autobús, uno se pregunta que hacer primero, ir al DAS para lograr el sello de entrada a Colombia o cambiar moneda, para comer y beber algo, porque ya eran cerca de las 12 del medio día del sábado, y sí, hacía hambre y sed.  

Luego de recorrer algunos lugares donde nuevos cambia monedas, con calculadoras y pesos en mano, nos demostraron que nuestro amigo inicial tenía razón, y era el que mejor oferta nos daba, ya que en tierra – por decirlo así – nos ofrecían cambiarnos los bolívares a 0,27 e incluso 026, y 0,25, así que regresé a donde estaba nuestro comprador inicial y le entregué 400 bolívares, me niego a decirles fuertes, y a cambio él me entregó 112 pesos colombianos, unos billetes más chicos que los nuestros, en tamaño, pero que valen más.  

Concluido el trámite cambiario, y tras degustar unos pastelitos fritos, de carne, pollo o jamón y queso, así como beber una gaseosa, dizque de manzanita, con un gran sabor dulce, mucho más que cualquier refresco venezolano, me dirigí a hacer mi cola en el DAS.  

La experiencia en esta dependencia colombiana, no dista mucho de ir a cualquier oficina venezolana: primero hay que hacer cola, luego se pasa a una sala donde se juega a la sillita, uno se pasa de silla en silla, mientras avanza la cola de personas que esperan ser atendidas en las dos únicas taquillas que están trabajando, cuando, al igual que en Venezuela, había 8 taquillas para atender a quienes querían sellar sus pasaportes.  

Unos 35 minutos de cola, y como 15 minutos de jugar a la sillita dieron como resultado que llegara a una de las dos taquillas habilitadas, y luego de preguntas como ¿profesión?, ¿Cuánto tiempo estará en Colombia?, ¿hacia donde va?, el funcionario del DAS estampó el sello más pequeño que había visto antes, pero que sin embargo, me permitía ingresar a Colombia legalmente.  

Al fin en Colombia

Ya con permiso para entrar en Colombia y con el pasaje comprado en Unitransco, y que me llevaría a Barranquilla, el destino más lejano al que se puede llegar de manera directa desde Maicao, para así seguir mi viaje a Medellín, me esperaba otra historia, de esas que si uno no está en el lugar de los hechos, no lo cree.  

Resulta que algunas de las personas que habían llegado a Maicao conmigo en Bus Ven vieron como al bajar las maletas de los pasajeros se vio la verdadera razón, o al menos una muy fuerte, de porqué tanta insistencia de pagar las “colaboraciones” a lo largo del trayecto, es que en esa unidad venían dos grandes bidones llenos de gasolina venezolana, y que ahora, en Maicao, ya en tierra colombiana, eran trasegados a unos bidones más pequeños que eran luego llevados, en carretillas, a otros lugares, que no vimos.  

Toda esta situación generó un descontento e inquietud en las personas, porque para algunos, habíamos pagado el contrabando de combustible, mientras que otros, más pesimistas, destacaban que todo el recorrido lo hicimos en una “bomba de tiempo” ya que esa gasolina estaba justo debajo de nosotros.  

Luego de otra historia más en este trayecto, y con los ánimos más calmados, auque sin haber comentado con más nadie estas observaciones – que no me la contaron, ya que yo mismo vi los bidones y hasta los más pequeños- logramos salir casi a las 2 y 45 de la tarde del día sábado. Llevaba ya 19 horas y aún faltaba un largo recorrido, tomando en cuenta que al preguntar, inocente yo, cuanto se tardaba hasta Barranquilla, me dijeron que unas 6 horas.  

El viaje entre Maicao y Barranquilla se puede considerar tranquilo en la mayoría del camino, algunos baches, pero principalmente se puede dormir tranquilamente, si como a mí, le toca el puesto del compañero vacío. Entramos en varios pueblos, algunos con mejores carreteras que otros y con paisajes de montaña y pequeños poblados con las mismas necesidades de los venezolanos, agua, viviendas en mejores condiciones, pero donde, a diferencia de nuestros pueblos del interior, se observa una actividad económica que no pasa desapercibida, por lo seguida y abundantes, llámense abastos restaurantes, pequeños y grandes negocios de construcción y de agricultura.  

Así y pasadas las 8 de la noche llegué a Barranquilla con la ilusión de comer algo caliente y conseguir un nuevo pasaje, esta vez para Medellín, punto de llegada de esta primera parte de mi aventura en tierras colombianas.  

Como Dios cuida a las almas inocentes, llegando a la Terminal de Barranquilla logré hacer conexión para Medellín en un autobús de Expresos Brasilia, y solo tuve que esperar dos horas, tiempo que aproveché para comer, revisar los correos de Internet ver el mapa de Colombia y detallar lo lejos que estaba aun de mi punto de destino y el largo trecho que llevaba recorrido en autobús.  

A pesar de que la unidad para Medellín debía salir a las 10 de la noche, otra vez iluso yo, resultó que a esa hora aun estaba en camino, ya que, según nos informaron, estaba retrasado porque había transito pesado desde Cartagena. Así que, nuevamente, a esperar y salir a una hora diferente.  

Resultó que el autobús de Expresos Brasilia llegó casi a las 11 y 30 y 20 minutos después emprendimos nuestro anhelado viaje, esta vez de 15 horas, para llegar a Medellín.  

Carretera de Montaña

Luego de dormir algunas horas y con los rayos d la mañana, del día domingo, me dediqué a ver el paisaje que me ofrecía este trayecto entre Barranquilla y Medellín, y aunque tenía muchas curvas, se ve que estábamos bordeando una gran y larga montaña, no dejaba de recordarme a otro paisaje, el de la Colonia Tovar, en el estado Aragua, que también es una suerte de serpentina montañosa, pero con agradable clima y una excelente vista de la vegetación.  

Volviendo al paisaje que me ofrecía este trayecto debo destacar que en los pueblos a los que entrábamos se veía el mismo denominador, personas trabajando, en sus casas, en las calles y todos ocupados de sus tareas, no había nadie haciendo política, lo que ya es tan común ver en las calles tanto de Caracas como de las ciudades del interior de Venezuela.  

Todos estaban buscando su desarrollo, pequeños negocios de construcción, otros de agricultura, mucha venta de comida para los viajeros, pero ninguna pancarta o avisos de los candidatos al Congreso de Colombia. ¿Será que ya los habían retirado o es otra forma de hacer política?, la verdad no lo sé, pero era agradable ver el paisaje sin toparme con pancartas y vallas con las imágenes de los políticos buscando votos, sean los de los colombianos, o como sucede a cada rato en mi país el de los venezolanos.  

Como una ironía no puedo dejar de destacar que mientras la campiña barranquillera me ofrecía un paisaje bucólico, nuestro autobús pasa la película “Diamantes de sangre”, que, sin contar el final, ofrece todo un panorama sombrío de la lucha en África, donde los niños son usados como soldados y aprenden a disparar y matar a otros ciudadanos, ironía tomando en cuenta que en Colombia esa fue, o es una realidad, en muchas partes.  

Mientras escuchaba las balas de mentira de la película veía aquel paisaje y no podía sino pensar en la inutilidad de las guerras, porque eso sólo beneficia a quienes la propician y no al pueblo, a la gente, y deja secuelas, que son difíciles de reparar.  

Afortunadamente, y sacándome de mis pensamientos filosóficos, el autobús llegó a una parada para desayunar o almorzar dependiendo del caso, en el mío sería para tomar los primeros alimentos del día, a pesar de que ya eran casi las 12 del mediodía.  

En esta parada pude comer algunos pasteles de carne y tomar una limonada, que para el gusto venezolano es más como guarapo de papelón, tanto por el color, más oscuro que nuestra limonada, y endulzado con papelón, en lugar de la azúcar blanca.  

Pregunté la hora y el tiempo para nuestro destino y me dijeron que solamente estábamos a 2 horas y 30 minutos de nuestro destino final.  

Al regresar al autobús la película de “Diamantes de sangre” no continuó, por un lado di gracias por no seguir viendo tanta violencia, pero sentí lastima por quienes no habían visto la cinta en el transporte porque se quedarán sin saber el final. Por cierto… el protagonista se muere.  

En lugar de la película, nos pusieron un video musical – cómico de unos humoristas que, con doble sentido, graban canciones conocidas dándoles su toque particular, así que el resto del viaje resultó de humor.  

Casi a las 4 de la tarde del día domingo antes de Semana Santa, la unidad de Expresos Brasilia hizo su arribo a la estación Terminal norte, es decir, que entre Caracas y Medellín tardé unas 45 horas, pero al fin había logrado la primera parte de mi cometido, ya estaba en Medellín, lo próximo era conseguir el hotel que me habían recomendado, e iniciar así un nuevo capítulo en esta aventura, pero…eso es otra historia.

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5 comentarios

  1. excelente narracion!!!!!!

  2. me divertí muchisimo leyendo tu relato, en especial porque dos de mis estudiantes y yo (profesora de la UCV) decidimos viajar en Julio de este año a Medellin, nos fuimos por San Cristobal y afortunadamente no tuvimos que pagar la “colaboración”, pero en el resto de tus anecdotas nos veo reflejados.
    nuestro viaje de ida fue, por decirlo en pocas palabras: aceptable, pero el de vuelta fue infernal, salimos de san antonio a las 5:30 pm, en un autobus que se paró en cuanto pueblo consiguió. adicionalmente, en las alcabalas nos paraban y nos hacian bajar para revisar las maletas que hacia solamente media hora habian revisado en la anterior alcabala, en las tres primeras se agregó el show de los perros antidrogas que tenian que olernos, el fondo musical era vallenato a todo volumen o una pelicula que no sé si adrede o azarosamente era sobre una plomazón, y parecia que el aparato se encendía y se apagaba en los momentos más inesperados, finalmente llegamos a Caracas a las 3 pm del día siguiente (si, casi 24 horas después!!!!, en un trayecto que no debia pasar de las 12 horas), sedientos, hambrientos y casi desesperanzados.

    • Gracias Carolina por tu comentario, y tu historia de viaje. Por San Cristobal no es nada en comparación a irte por Maicao, pero igual es un viaje que ayuda a conocer más de nuestro país y de Colombia, ver lo iguales, pero diferente que somos. Gracias nuevamente

      • Hermano tambien me parecio muy elocuente tu relato y todo lo que dices se ve a diario aqui mismo en Venezuela sin necesidad de ir tan lejos.
        Quiero comentarte que deseo hacer un viaje con mi hijo varon de 16- 17 años hasta barranquilla donde tengo parientes todos por parte de mi padre ya fallecido. Quiero hacer esto para conocer yo y mi hijo parte de nuestros hermosos paises al igual que tratar de compenetrarme mas con mi hijo. Mi deseo es viajar desde Maturin Estado Monagas Venezuela hasta Barranquilla pero por la via Maicao en mi vehiculo propio. ¿ que recomendaciones podrias/podrian darme al respecto y que aspectos podria tomar en cuenta tales como documentos del joven, el vehiculo , mi persona, otra via recomendada etc, etc.
        Sin mas amigo te puedo enviar mi correo y telefono para comunicarnos o recibir tu respuestas.

        Muchos saludos.
        Enrique Pavia
        E-MAIL: enriquepavia@cantv.net
        paviae@sinovensa.pdvsa.com
        0416-3902673

  3. Entre buscando orientacion para viajar a Medellin desde Caracas y por tierra. En principio me he podido reir y disfrute el relato como si fuese una novela de comedia. Buenisimo! Luego, este relato me pone a pensar que no es lo mismo hacer turismo de aventura en tu propio pais que fuera de nuestras fronteras donde no tienes los mismos derechos. Y agrego que las dudas me asaltan ante tanto abuso y para mas, fue impresionante lo de los bidones de gasolina y el riesgo que corrieron durante todo el trayecto.
    Quiero hacer este viaje pero hay que pensarlo bien

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