Señora de los ahogados: una tragedia griega en ritmo carioca

        

           Señora de los Ahogados, es el título de la pieza del brasilero Nelson Rodrigues, que adapta el mito de Electra a las tradiciones cariocas, y que por unas pocas funciones se presentó en el Centro Cultural Chacao.

          El líneas generales, la obra nos recrea la vida de la familia del Dr. Drummond, y del pueblo donde hace 19 años  se produjo el  homicidio  de  una prostituta,  mismo día  de  la  boda  de  Doña  Eduarda  y  Misael. Trascurrido el tiempo, y como hechos aislados, se nos cuentan las desgracias de esta familia, que ha perdido a dos de sus hijas, quienes murieron ahogadas y fueron arrastradas por el mar, que no devolvió los cuerpos.

         Acciones como rivalidad entre madre e hija, por el amor de un hombre, infidelidad del padre, antes y ahora, la aparición de la prostituta muerta, la madama del burdel, el miedo y el deseo de venganza son detonantes de esta tragedia, en tiempo de capoeira, y con unos vecinos que lo saben todo, como un coro griego.

             Hasta aquí la historia, con un texto interesante, redefinición de este clásico mito, y que fue ambientado en un puerto de Brasil.

             Ahora, la concepción del director Costa Palamides y del grupo de teatro Arte Ú, y que fue presentada en el Centro Cultural Chacao, que nos quiere presentar ese mundo mágico de los cariocas, con sus bailes de capoeira y cantos, a manera de coro del sino, que nos narra el destino trágico de la pieza, tiene sus comentarios diversos.

            Si bien es cierto que  debíamos ver la belleza y sensualidad del ritual de la capoeira y sus cantos con la expresividad corporal de la danza africana, el resultado presentado no fue el deseado, o el que uno como espectador hubiera querido ver.

              No dudo que los actores hayan tenido una preparación en este ritual de la capoeira, pero su ejecución deslució y se vieron movimientos sin gracia, incluso algunos que recordaban movimientos de gallinas, y que no recuerdan las danzas brasileras, que están llenas de fuerza y agresividad, con saltos impresionantes y escenificación de peleas. Otro tanto sucede con el coro, que lamentablemente desafina y pierde el canto brasilero, para, en muchos casos, sumergir los textos  de los actores en un caos, donde no se entienden los parlamentos.

             De los actores, valga decir que muchos interpretan varios personajes,  como su participación en los vecinos, dándole dinamismo a las acciones, pero hay  momentos en que los textos no están bien dichos, y al dar la espalda en algunos parlamentos se pierde el fraseo, también puede ser por la propia sala del Centro Cultural Chacao, que no es un teatro propiamente dicho.

            La iluminación no ayuda a crear la atmosfera de tragedia presentada, digamos que los mismos detalles de la sala no permiten jugar con las intensidades necesarias para lograr esa atmosfera particular, y al final crea un ruido entre los espectadores y lamentablemente, al menos en la función en la que estuve, muchos optaron por marcharse antes del final del montaje.

 

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