Tiresias: cuando la intolerancia no es un mito

             La historia de Tiresias, que viene de la mitología griega, es tomada por Bertrand Bonello, para hacer un guión y convertirse en el director de una Coproducción entre Francia-Canadá, que nos muestra su peculiar visión de esta tragedia.

           En el marco del 4to ciclo de Cine de la Diversidad, que se lleva a cabo  entre el 4 y el 25 de junio en el Cinecelarg, se presentó Tiresias,  que nos cuenta la vida un transexual brasileño de extrema belleza que vive y trabaja de manera ilegal en la periferia de París.

               Tiresias termina secuestrada y privada de sus hormonas diarias, por lo que poco a poco se  va transformando frente a los ojos de su captor. Sin energía ante lo que se ha convertido, el secuestrador decide cegarla y abandonarla a su suerte en el campo. Ella/El es rescatada (o) por Anna, una muchacha sencilla, y de muyyy pocas palabras. Mientras se recupera, Tiresias descubre un repentino don premonitorio, pero la presencia de un lo que se llamaría un oráculo molesta a la Iglesia.  El cura de la parroquia debe confrontar a Tiresia, para conocer el origen de sus poderes de adivinación. Al final, al igual que el mito original, la vida y los prejuicios llevan a Tiresias a un sueño eterno, en este caso, gracias a la acción de un automóvil

          El significado esencial de la figura de Tiresias reside en su papel de mediador gracias a sus dotes proféticas, a su condición andrógina,  y a  su vida entre vivos y muertos.

            Este drama, o tragedia en la mejor de sus concepciones, plantea, además, la existencia de la intolerancia en la sociedad moderna, que la heredamos de nuestros ancestros, y refleja una situación moderna, la utilización del sexo andrógino como fuente de placer, pero relegada a zonas de “tolerancia”, por una falsa moral, y muestra el temor a lo desconocido, a la posibilidad de que alguien tenga un “don” que permita ayudar a los que estamos acá, con premociones del “más allá”. Al final, se plantea que lo diferente puede gustarnos, pero no somos lo suficientemente abiertos para tolerarnos unos a otros, y nos escondemos en lo que llamamos pecado, blasfemia, contra natura, y tantos otros epítetos.

            La película es un retrato crudo de esa sociedad intolerante, incluso algunos espectadores se salieron de la sala, no sé si por lo crudo o por intolerantes ante algunas escenas sexuales andróginas, pero es una cinta que, a pesar de algunos momentos largos, de tomas muy reflexivas, abre el debate sobre temas que a veces queremos discutir  en silencio o a baja voz, y que con este ciclo se rompe el tabú y se expone en la visión de los escritores y directores de estas películas.

             Como dice la palabra, quién será el primero en tirar la piedra y, en este caso, buscar eliminar la intolerancia en todos sus géneros.

 

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