Paisaje sin casas, más palabras que acciones

“Personajes delincuentes, sin nombre, pueblan [un] espacio urbano, marginal, cutre y provisional [. . .] [a través de] diálogos fragmentados, con un lenguaje sonoro de frases mínimas, pronunciadas a golpes [. . .] [que] narra[n] con lirismo marginal y clave de realismo sucio la angustia de una juventud que nada tiene.”  Así resume la investigadora María José Ragué Arias el espíritu de la obra Paisaje sin casas, del catalán Pablo Ley,  licenciado en Historia de Arte y crítico de teatro de El País. Inició su trayectoria como autor y director en el Institut d’Experimentació Teatral que dirige Ricard Salvat en la Universidad de Barcelona.

Paisaje sin casas fue galardonada en 1990, con el Premio Marqués de Bradomín, que, anualmente, desde 1985, se concede a dramaturgos españoles menores de treinta años.

La puesta en escena no podía ser más estática, tres actores sentados en una mesa cuadrada, pero el movimiento viene dado por las palabras, por el texto, que en una suerte de verso, refleja el andar de los personajes por calles, callejones, callejuelas, bares, tascas, terrazas, metros, vagones. 

Hay alusiones directas a la televisión y a la influencia que el mismo ejerce en el individuo. Así, se presenta en un bar una televisión encendida que proyecta violentas imágenes de una película de policías, cuyas duras escenas de muertes se mezclan con las escenas cotidianas, casi ordinarias, del bar

Una crítica señala que la obra recuerda  a la sensación de desorientación que se recibe al encender un televisor y enfrentarse a unas imágenes de las que se ignora el comienzo, el contexto y el contenido. 

Pablo Ley intenta mostrar metafóricamente en la obra su rechazo por apagar la luz que todo ciudadano común apaga maquinal y obedientemente al salir de casa, porque todo el mundo así lo hace, para no gastar energía, sólo la justa y necesaria que requiere la monotonía de la costumbre.

Muchos que vimos el final no entendimos que la obra había acabado, a pesar de que los tres personajes, que en todo momento estuvieron sentados, se levantan y salen de escena.  Si no es por los aplausos del fondo del escenario, nunca hubiéramos sospechado que el montaje – lectura, había terminado.

Admito, porque no me las sé todas, que para hacer esta critica de Paisaje sin casas, recurrí  a un excelente trabajo realizado por Marimar Huguet-Jerez, titulado “Paisaje sin casas de Pablo Ley: la vaciedad urbana”, un ensayo de 14 páginas, publicado por la Revista STICHOMYTHIA.

 La lectura dramatizada de esta obra, dirigida por Santiago Sánchez, cerró el ciclo del nuevo teatro catalán, que durante los viernes de junio presentó el grupo Forte en la Sala Cabrujas, de Los Palos Grandes. 

El balance, al menos en mi Visión Particular, es positivo, cuatro obras de distintos autores catalanes, con diversas perspectivas. Sin embargo,  hay que destacar en actuaciones, texto y dirección, los montajes Plastilina, y Darío Fo ¿Alcalde?, que coincidencialmente fueron las dos primeras piezas presentadas, las siguientes La Piel en Llamas y esta, Paisaje sin Casas, dejan un ligero mal sabor, una por ser más para una puesta en escena más de cine o televisión, y la ultima por ser poco teatral, y si más radial. En todo caso, fue una excelente oportunidad para ver teatro moderno, contemporáneo, con otras propuestas temáticas.

 

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