20 años no son nada y Facebook nos los recuerda a diario

Los amigos son amigos en las buenas y en las malas, y gracias a la red de Facebook se puede comprobar eso todos los días.

 Por las cosas normales de la vida uno se ve alejando de los amigos de la infancia, de los compañeros del liceo, de la Universidad, incluso de los amores infantiles. Eso es normal, y  todos nos pasa. A mi me sucedió,  aún antes de irme de Caracas.

Luego de muchos años de vivir en la capital, un día decidí que era hora de explorar otras zonas de Venezuela y por eso comencé trabajando en Barquisimeto, por allá por el año 96, y tras dos años, y un cambio de Gobierno, con los vaivenes propios de toda nueva administración, se tornó en una especie de situación difícil de vivir en el estado Lara,  experiencia, de la que, sin embargo, guardo buenos recuerdos y mejores amigos.

Tras ese paso por la ciudad de los Crepúsculos, nada que ver con la película, terminé viviendo y trabajando en Maturín, por 13 años, que se dice fácil, pero son un largo camino. Pase por trabajar en radio,  en tres oportunidades y emisoras distintas, trabajé en el diario El Sol, algo como una pasantía – incluso llegué a entrevistar al entonces candidato Hugo Chávez – para luego apoyar a la otrora Pdvsa como contratista en Asuntos Públicos.

Y en ese ir y venir del trabajo diario, apareció, o se empezó a poner de moda algo  que se llamaba Facebook, y donde uno iba, la pregunta de rigor era: ¿Cuál es tu facebook?, algo similar a lo que ocurre ahora con el PIN, y todo el mundo te pregunta: ¿Cuál es tu PIN?.

Al principio, hay que reconocerlo, el facebook no dejaba de ser algo anecdótico, algo para “ver y dejarse ver”, pero con el paso del tiempo, y con su masificación, me di cuenta que esta herramienta, que muchos han tildado de “arma de la CIA”, es una necesidad porque te pone en contacto con todo un mundo de posibilidades y de reencuentros, que ningún otro artilugio tecnológico ha podido lograr hasta el momento.

Desde los amigos de la infancia, a los amigos del bachillerato, de la Universidad, los viejos amores, los amigos que no entran en ninguna de las otras categorías, y que yo llamo “amigos de la vida”, todos están al alcance de la mano, y aunque no quieras, te terminas enterando de la vida de cada uno de ellos, y ellos de la tuya, y puedes ver sus fotos y cómo el paso del tiempo ha hecho, o no, mella en nosotros.

Más de 20 estuve sin ver a muchos de esos amigos de la universidad, del liceo, viejos amores, y un largo etc. Pero por esas cosas de la vida, tuve que ir  a Caracas y logré, a fuerza de llamadas y correos, organizar encuentros con algunos de los amigos reencontrados en el “Face”, como se dice ahora, por esa manía nuestra de cortar las palabras para que suenen “nice” o “chic”.

Durante dos semanas en la ciudad capital de esta llamada República Bolivariana  comprobé la validez de la frase que inicia esta crónica personal, subjetiva a más no poder. Pareciera que fue ayer cuando tomábamos cerveza en Montalbán al salir de la Universidad Católica Andrés Bello; parece que fue ayer cuando filmábamos en mi casa, estudiando audiovisual;  tantas cosas parece que fueron ayer, y sin embargo, han pasado 20 años.

Al recordar aquellos tiempos, ahora en la distancia, y frente a varias cervezas, pasapalos, y al calor de los amigos, uno no  puede dejar de dar gracias a Irene, a Ángela, a Adrianne, a Yolanda, a Jenny, a Carla, a Milva, a todos con los que uno se reunió en persona, pero también hay un abrazos afectuosos, porque demuestran que el tiempo es psicológico, y que a pesar de la distancia física y el tiempo, que nunca para, el cariño es el mismo. A Hugo, a Valdo, A Ernesto, a Ignacio, a Martín, a Jesús, un abrazo fraterno, porque nunca dejamos de ser amigos.

Una crónica sobre mi relación con el “face” y el reencuentro con los viejos tiempos no puede dejar por fuera el caso de Arturo Mora, amigo de los tiempos de la UCAB,  porque la vida quiso que en un giro inesperado, yo pudiera estar en Caracas, a la hora y sitio indicado, para saber que debía estar con él en un momento importante. Resulta  que almorzando con una amiga actriz, Jenny Noguera, para más señas, ella recibe una llamada informándole del fallecimiento de la mamá de uno de sus mejores amigos, Trino Mora, casualmente hermano de uno de mis mejores amigos, Arturo Mora. Justamente ese día, yo, luego de mi almuerzo con Jenny, iba  a tomar unas cervezas con otras amigas y amigos, que también conocían a Arturo, y luego de la parte grata, comer beber y recordar aquellos años en que “éramos felices y no lo sabíamos”, organizamos un grupo para acompañar a Arturo en ese momento, y muchos teníamos sin verlo como 20 años, pero a la hora de las chiquitas, es que se demuestra quien es el amigo.  Así que una vez más, Arturo a ti un abrazo solidario.

A quienes no pude ver en esa ocasión, no importa, faltó tiempo, pero no interés, eso se repone, y de hecho, así ha sucedido

Pero lo bueno es que los contactos no quedan ahí, porque esta herramienta tecnológica tiene algo más…inmediatez y una vez que yo agradecí públicamente a todos en una nota en el “face”, las repuestas no se hicieron esperar y Ángela escribió “Gracias por tu disposición para re-encontrarnos y pasarla divino!!!! Este es el sabor que deja vernos de nuevo: nunca dejamos de ser amigos, nuestros afectos no desparecieron a pesar del tiempo y por encima del tiempo”.

Para Adriane “20 años sin vernos y sin embargo, el mismo afecto, la misma confianza y el mismo cariño….de verdad que gocé un montón el jueves!!! lástima que se me hizo corto!!!”. Valdo dijo que “Sólo el compartir con todos la inmensa satisfacción de poder conversar contigo un rato y comprobar que es demasiado cierto eso de que 20 años no son nada…”  e Irene “yo doy gracias a Dios todos los días por muchísimas cosas, entre ellas reencontrar a la gente que de una u otra forma han escrito en la historia de mi vida, historias que nunca vamos a olvidar. Como dice Ángela nunca dejamos de ser amigos y que el afecto permanece intacto por siempre y para siempre. Tengo la seguridad que volveremos a vernos”.

Pero, y para que no se diga que uno es frívolo en su relación con la tecnología, el Factbook me ha permitido, espero que no solamente a mí, que esos reencuentros abran posibilidades como periodista, ya que sirve también, para que otros periodistas puedan consultar sobre ofertas de trabajo, y de hecho, yo logré ir a Medellín., Colombia, al encontrar a uno de esos viejos amigos, que me ofreció un laburo, como dicen los argentinos, por las tierras granadinas. Esta misma tecnología me permitió ponerme en contacto con Adalis Porras, coordinadora académica de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Santa María,  y así iniciar una nueva etapa de mi vida profesional, al impartir clases en la cátedra de Edición y Estilo II, así que mi diario transitar con el “Face” abarca los humano y lo divino, como dice el adagio.

En fin… a todos los amigos del Facebook, como decía el gran Pedro Vargas… Muy Agradecido, Muy Agradecido, Muy Agradecido 

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