Matriarcado Mortal

A primera vista pareciera que estamos frente a un lupanar, un bar de mala muerte o algo por el estilo, ya que los dos primeros personajes, las dos criadas, por sus fachas no pueden menos que inspirar esa imagen.

Pero craso error, al ver entrar a la viuda, seguida del cortejo de sus hijas, todas de rigoroso negro, entendemos que estamos en la casa de Bernarda Alba y que el espíritu de Federico García Lorca está allí gracias al trabajo del Grupo Contrajuego y a la dirección de Orlando Arocha.

Una decoración minimalista, pocos elementos decoran el escenario, lo suficiente como hacer un manejo con sillas que permiten recrear todas las situaciones que vive Doña Bernarda con sus hijas, tan amargadas y envidiosas como su madre.

La obra de García Lorca habla de cinco mujeres feas y castas, condenadas a no conocer varón, que siguen a una madre tirana, encerrada en su dominio presa del qué dirán.  Todas de negro, con el alma sin color, salvo María Josefa, interpretado magistralmente por Antonieta Colón, quien hace de la madre de Bernarda, y viste con todos los colores inimaginables, como para desentonar con el resto de la familia, además que está tan loca que la tienen que encerrar para que no se escape y se case, que es su anhelo.

Pero,  como en la vida real, un hombre… sí, un hombre, además que nunca se le ve en escena, es el incitador de las pasiones de esas mujeres: envidia, deseo, odio, poder y muerte.

Bernarda Alba es la viuda jefe del hogar, recatada ella, pero que le encanta que la servidumbre le cuente los chismes de la localidad.

Arocha dirige a Diana Volpe, Hayde Faverola, Antonieta Colón, Nattalie Cortéz, Carolina Torres, Gladys Seco, Ana Melo, Jennifer Morales, Maritza Briceño y Gema Llanos.

Bernarda Alba hace oídos sordos de aquellos que ven los terribles acontecimientos que están por suceder en su familia, rechaza las advertencias de la Poncia, su criada fiel, porque es el servicio y ese es su trabajo por el que se le paga bien, y con eso  creyendo que aún podrá mantener algún control sobre la situación. Las criadas y la madre de Bernarda son las únicas capaces de ver la verdad y presentir la desgracia que se les avecina.

La esperanza parece no tener cabida en este drama español, solo el arreglo del matrimonio entre Angustia y el fantasmal Pepe El Romano (fantasmal porque siempre está presente en el montaje aunque no se le vea sino en una fotografía que es más marco que retrato);  pero esa esperanza  lo que origina es un final crudo, que lanza por tierra cualquier desenlace feliz.

Las actuaciones reflejan ese hastío, esa melancolía propia de una tragedia que lleva años gestándose, y la utilización de la vitrina como elemento de escape de Adela, la hija menor, son momentos de gran tensión, como los que se producen al romperse toda figura que se le atraviesa a otra de las hijas de Bernarda.

Si hay algo que a muchos de los espectadores consultados no les cuadra, aunque a mí sí, es la utilización de la música de bolero, con temas muy conocidos, porque hay momentos en que las voces melodiosas de las actrices –  hay que decir que ellas cantan muy bien a capela – hacen que a uno se olvide el texto que está escuchando.

El otro elemento que crea cierto ruido es la luz estroboscópica, que no entendí y me causó molestia, imagino que otros lo habrán entendido y no les provocaría ningún sentimiento encontrado.

La Casa de Bernarda Alba se está presentando desde el jueves 24 de febrero hasta el 27 de marzo, con funciones de jueves a sábados, a las 8:00 p.m. y los domingos, a las 7:00 p.m., en la Sala de teatro 2 de la Casa de Rómulo Gallegos.

Como si se tratase de una obra latinoamericana, la Casa de Bernarda Alba plantea el amor entre madres e hijas, pero también ese matriarcado que obliga  a las mujeres a ser castas, sumisas, dependientes de un hombre para sobrevivir, muy propio de la época en que Federico García Lorca escribió la obra. Afortunadamente, esa tendencia ya no prevalece tanto, ¿o sí?,  desde México a Argentina, aunque hay que resaltar que si hay su buena dosis de matriarcado aún, o al menos esa es mi Visión Particular.

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Alacranes, Charros y Teatro – Cine

Lo bueno de no tener jefe, o ser su propio jefe, es que no tienes que seguir una pauta de trabajo, sino que, por el contrario, uno se impone su propia agenda, porque, eso sí, hay que estar claro, el trabajo es el trabajo.

El fin de semana decidí imponerme una agenda cultural, eso sí es un jefe, y ver, para comentar, algunas obras que están en cartelera en Caracas, aunque todos, debo confesar, solamente se presentaron un día, por eso lo importante de ir y comentar de qué tratan.

Alacranes  u hombres

El grupo de Teatro Contrajuego presentó, en su nueva sede de la Concha Acústica de Bello Monte, la lectura dramatizada del texto “A la novia de mi ex la picó un alacrán”, de la escritora Carolina Liendro, quien además actúa el papel principal y dirigió la lectura.

Un “petit comité”, que no pasaba de 5 personas, escuchamos la historia de Ana, quien entre sueños con boleros y alguna que otra pesadilla, nos relata su divorcio de Armando, y las pretensiones amorosas de su abogado, interpretado, o más bien leído, por Ludwig Pineda.

Ana también tiene una amiga, Daniela,  leída por Eulalia Siso, quien es una oposicionista, con mucho fashion, ya que la descripción que hacen es de una mujer, con pareja, que va  a todas las marchas de la oposición al gobierno vestida a la última moda: bandana con la bandera tricolor, camisa, falda, o pantalón con el tricolor patrio y zapatos de goma, por supuesto, con el pabellón nacional.  Ana busca salir de su divorcio y superar la depresión, comiendo chocolate, mientras una sucesión de hombres – como de políticos – quieren ganar el interés: unos de Ana y otros del país. Daniela mientras, quiere que su amiga  la acompañe a las marchas, hasta que…

Entre sueños de boleros en un cabaret venido a menos, y alusiones al acontecer político, transcurre esta historia, que por supuesto no pienso contar en detalles. La pieza, si bien no está terminada, resulta un ejercicio interesante,  para una novel escritora que busca su nicho, y más interesante resulta aún que el grupo teatral Contrajuego, que dirige Orlando Arocha, presente esta lectura dramatizada en su nueva sala, o espacio, para acercar al público, dar a conocer su programación, bastante extensa por cierto, y sirva de trampolín para futuros dramaturgos. El “petit comité” ofreció algunas sugerencias al texto, que esperamos sean tomadas en cuenta, para que luego algún director tome parte también en el proceso creativo y le dé espacio físico a este texto. 

Rancheras y charros en el purgatorio

Luego de cumplir una gira por el occidente venezolano, la compañía mexicana Arte Estudio Producciones,  presentó la obra “Vacaciones en el Purgatorio”, del venezolano Ángel Méndez, periodista, escritor y dramaturgo, que contó con la dirección de Marcos Vargas y  trata de la vida de Pedro Infante y Jorge Negrete.

El Colegio Francia fue el escenario para desarrollar esta pieza imaginativa, donde Méndez coloca a Jorge Negrete y a Pedro Infante en la antesala del Cielo, pese aque el vaticano ya decretó que no existe ese lugar, con música y canto en vivo, imágenes de películas antiguas y algunos trajes alusivos.  Estas figuras míticas del cine mexicano se nos presentan en la piel de los aztecas Luis Carlos Wong y Frank Rodríguez,  añorando su pasado y compartiendo con los espectadores recuerdos de su infancia y sus orígenes.

De condición pobre,  Pedro Infante, representado por Wong,  nos cuenta los sucesivos oficios  que tuvo que ejercer, carpintero, peluquero,  para sacar adelante a su “jefa”,  doña Refugio, sus amores, las madres de sus hijos, así como la ayuda que en vida hizo para atender a los más necesitados, entre ellos sus hermanos, aunque él nunca pudo estudiar en la escuela.

Por su parte, Jorge Negrete, interpretado por Rodríguez, era de cuna alta, y  recuerda a su “jefe” el teniente coronel David Negrete Fernández, quien luego de militar fue profesor de matemáticas en escuelas oficiales y en el Colegio Alemán Alexander Von Humboldt, gracias a lo cual pudo inscribir a sus hijos en la institución y el luego cantante  aprendió alemán, inglés, italiano y se menciona que hasta estudió de manera autodidacta los fundamentos del Náhuatl, que es una lengua azteca.

Negrete fue el fundador de la ANDA, asociación que reúne  a los artistas y vela por sus intereses, y por esa misma condición de nacer en cuna noble, Pedro Infante siempre lo llamó señor y se dice, también en la obra se hace una sutil mención, que existía rivalidad entre los dos actores y cantantes, aunque protagonizaron juntos una película: Dos tipos de cuidado, que sirve  para un momento de duelo musical en la pieza, donde Luis Carlos Wong y Frank Rodríguez hacen un contrapunto vocal cargado de ironía y rencor entre los dos cantantes mexicanos, teniendo como telón las imágenes de la película .

El montaje es de bajo presupuesto, tal vez pensado para poder viajar, con  actores que mantienen entretenido al espectador gracias, en parte, al parecido físico que logran con Pedro Infante y Jorge Negrete, aunque  Luis Carlos Wong tiene la cara más redonda que Infante, pero logra capturar muchos de sus gestos y tono de voz,  mientras que Frank Rodríguez se asemeja a Negrete en altura, pero le faltan algunos kilos para dar más la imagen del charro.

Sin ser cantantes, ambos logran salir bien parados al momento de interpretar las melodías, aunque para gratificación del público, y sobre todo de las muchachas de la tercera edad presentes y que en su momento suspiraron por los galanes mexicanos, habría que poner más empeño en mejorar la parte vocal.

Con esta caracterización se refresca la memoria sobre la época de Oro que vivió el cine mexicano, porque se incluyen imágenes de artistas como Tín Tán, Resortes, Agustín Lara,  Pedro Vargas, Libertad Lamarque, Sara García,  Javier Solís, y un largo etcetera de cantantes, actrices y actores de esa época que provocaron más de un suspiro en  la sala.

En definitiva, un montaje interesante, con algunas fallas para el tiempo que tiene montada, pero que recuerda una época que aunque ha pasado, tiene seguidores a granel.

Cine – Teatro  o  Teatro –  Cine

Para cerrar el fin de semana teatral, me acerqué al nuevo Ateneo de Caracas, ubicado en la Quinta La Colina, para ver “LO MEJOR DEL CINE”, que según el programa “trata de dos actores que deciden recorrer el mundo y para ello crean un espectáculo con otros actores basados en las mejores escenas del cine, y las mejores actuaciones, es una obra ingeniosa que permite disfrutar durante una hora y media la maravilla del cine llevada al teatro”. Todo bajo la dirección de Dimas González y la producción del Teatro Itinerante de Venezuela.

Esto es lo que señala el programa de la obra y, en su montaje, aprovecha parte de la quinta donde está el Ateneo para sumergir al espectador en una especie de filmación de escenas clásicas del cine y los asistentes recorren los distintos sets, como si fueran extras.

Así podemos ver como el Guasón interrumpe en una fiesta, o a Toni Montana en su escena en la escalera cuando dice “di hola a mi pequeño amigo”, empuñando un gran arma de repetición y al Gran Dictador usando la palabra, no la mímica como Chaplin, para darnos un discurso sobre la libertad y la democracia.

Otras cuadros de este montaje con “Lo Mejor del Cine”,  donde intervienen  Carla Mariña, Greisy Hidalgo, Javier Figuera, Oliver Morillo, Pedro Indriago, Wesly González, Pedro González y Dimas González, nos lleva a recordar Casa Blanca, El Silencio de Los Inocentes, Campeón, La Vida es Bella, el niño del pijama a rayas – en una de las mejores puestas de la obra – así como Titanic, recordando cómo los músicos interpretan melodías mientras el barco se hunde.

Hasta aquí se podría decir que la obra es atractiva y visualmente llamativa, pero… a que siempre hay un pero, en alguna parte de la obra  aparece el teatro dentro del teatro, o del cine diríamos en este caso, para incluir eso que nos indica la sinopsis de la obra y que se refiere a una lucha entre los dos principales actores del grupo, trayendo consigo una serie de recriminaciones contra el teatro que ellos llaman “independiente”, o comercial, que lejos de aportar algo constructivo a la pieza, parece más bien, a mi entender, una posición del autor sobre lo que para él es el mal llamado teatro comercial y el daño que le hace al arte.

La mención de teatro independiente que se hace en la representación deja un mal sabor por su ataque feroz contra quienes, en ese momento no pueden replicar, porque además, qué teatro no es independiente, ya que a menos que uno reciba un pago del Gobierno, y son pocos los que lo hacen a esta altura, todos los grupos son independientes. Si lo que se quiere es atacar al teatro comercial por intentar  ser una empresa generadora de ingresos, esa posición también genera un ruido dentro del montaje, porque, primero, se están representando escenas de películas comerciales, que generaron mucho dinero en taquilla y, segundo, acaso ¿es malo querer obtener un lucro económico por el trabajo realizado? si el teatro llamado comercial es bueno o malo esa sería otra consideración, pero atacarlo por el hecho de ser una actividad como cualquier otra que busca su recompensa económica  me parece injusto.

De todos, modos, “Lo mejor del Cine” es una obra que seguirá en cartelera en el Ateneo de Caracas y que tiene un valor artístico que merece contar con asistencia en sus presentaciones y es el resultado de un grupo de teatro con años de trabajo.

El teatro como espectáculo está en Caracas en todas partes, sea en una lectura, sea en una sala nueva, sea en una casa nueva, sea en la calle, lo que hay que salir a buscarlo, porque de seguro algo se encontrará al gusto de cada uno, o al menos, esa es mi Visión Particular.